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Reseña

'Luchando con Simone'. Amor maternal a las fronteras de la vida

Libro reseñado: 
LUCHANDO CON SIMONE
Autor/a de la reseña: 
Romina Cutuli
Mar, 03/05/2016

Cuando sientas que no puedes más de sueño, cuando lleves una hora intentando dormir a tu niño y nada funcione, cuando sus gritos pidiendo algo que no eres capaz de descifrar parezcan perforar tus tímpanos, respira profundo, y abre este libro en una página cualquiera. Luchando con Simone es una historia con principio y fin, mas también una suma de momentos en que el tiempo se detiene, el dolor se hace hondo y, aun así, hay espacio para la belleza. La belleza de la vida que se inicia, de los pequeños-grandes hitos en la existencia humana. No volverás a ver igual cada sonrisa de tus hijos, de tus sobrinos, del niño o la niña que te cruzas en la calle.

Esta historia cruza las fronteras espacio-tiempo en varios planos. El primero y más evidente, el libro es la reescritura más fiel posible de una modalidad de intercambio epistolar propia del siglo XXI: un foro virtual de madres. Abundante en consultas y aún más en desahogos, mujeres de habla hispana de ambos lados del Atlántico, hemos intentado entregarnos algo de calidez frente a la solitaria empresa cotidiana de criar niños pequeños. En medio de emociones innombrables e incomprensibles, la belleza de la pluma -“bello teclado” es una sinécdoque muy poco poética para alguien de mi edad- de Nuria fue un abrazo que cobró carácter real para muchas de las mujeres que transitamos ese foro. Y como escribir es algo más que una simple performance, esa bella escritura no podía ser sino una bella persona. Un alma sensible hecha palabras en la pantalla.

En ese espacio-tiempo nos encontramos con esta historia, y las voces que acompañan cada sonrisa y cada lágrima. El foro representó aquel “cuarto propio” tan caro a la autonomía femenina. Una vez más, y van dos, rotas las fronteras espacio-tiempo. Porque ese cuarto propio se halló, para muchas de nosotras, no en un espacio físico apartado del mundanal ruido, sino en las noches, que convertían en cuarto propio el ámbito del caos doméstico. Gracias a ese espacio de encuentro fue posible, además, que el refugio mutara de individual a colectivo. Y así leímos, conocimos y luchamos con Simone. Apropiándonos del dolor, la incertidumbre y la alegría en medio de lágrimas nocturnas. Buscando “la palabra precisa, la sonrisa perfecta”, para abrazar a alguien que estaba muy lejos. Y muy cerca.

Así como sus lectoras y amigas nos sentimos arrulladas leyéndola, el dolor ante cada pinchazo, la incertidumbre frente a esa micronaturaleza que se nos rebelaba incierta, y tan poderosa que lo pone en riesgo todo, se hicieron también nuestras. Porque cada día de hospital constituye una ruptura de nuestro espacio-tiempo cotidiano. La tercera a las que nos invita esta lectura. Noches interminables, controles a deshoras, y una vez más, la incertidumbre. Cuando la vida está en juego, cada minuto de ese presente sombrío cobra un valor infinito. La oportunidad de una caricia, de un abrazo rodeado de cables, nos funden en un no-tiempo, “flotamos” con la gratitud de quien sabe que estar aquí es un privilegio.

Nuria habla en plural cuando se refiere a su hija desde el primer día. Se sabe embarazada, se mira al espejo y un buen día, ve a dos mujeres. “Luchando con Simone” es la historia de Nuria, y también la historia de Simone que ella misma no podía escribir. No hay tercera persona, “nos han pinchado”, “hemos subido de peso”. La primera del plural se profundiza en los momentos más complicados. Porque nuestros hijos son parte nuestra, y así como no somos capaces de imaginar ni nombrar el dolor de su ausencia, haremos todo lo que esté a nuestro alcance para parirlos una y mil veces, para darles vida. Pues de lo poco que sabemos del tiempo, entendemos su irreversibilidad. Por eso quizás, el presente se detiene y se hace tan valioso cuando el futuro no existe.

La lectura de “Luchando con Simone” logra lo que el lector apasionado espera encontrar al toparse con un libro. Como Nuria y Simone en su mar de dolor e incertidumbre, te sumerges en el no-espacio, en el no-tiempo. Porque la felicidad y el sufrimiento tienen en común la virtud de aislarnos de lo trivial y cotidiano, transmutan nuestra escala de valores. En esta escritura, felicidad y sufrimiento se hacen uno, como se hacen una Nuria y Simone. Y el lector se hará uno con esta historia que, como las ostras hacen perlas, transformó el dolor en belleza para hacerlo soportable. Léelo, llora, y ve a abrazar a quien tengas cerca.